La educación sentimental

Tras la entrada anterior, seguimos con las emociones en la vida diaria. También en la escuela juegan un papel primordial, ya que como otras habilidades, se aprenden y se desarrollan gracias a su uso.
La educación emocional no es algo especialmente potenciado en la escuela, ni tradicionalmente ni menos ahora, cuando lo que se busca es que la persona sea competitiva, excelente en su rendimiento, y que tenga buenas estrategias de desarrollo.
Por ejemplo, en la escuela Montessori, los niños identifican sus sentimientos con dibujos y etiquetas que recogen incluso los cambios a lo largo del día.
En palabras del recientemente desaparecido sabio José Luis Sampredro,
Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como ‘competitividad’ sean las que mandan frente a palabras como ‘convivencia’.

Se vende la magdalena de Proust

El sistema límbico regula nuestros impulsos más básicos: el hambre y la sed, el miedo y la angustia… Además está directamente conectado con el olfato. Vaya, la famosa magdalena de Proust hecha neuroanatomía.

Además del olfato, en el sistema límbico conviven las emociones y la memoria.  Y para acceder a las emociones que un olor nos genera no pasamos por el córtex, así que la emoción es automática e irrefrenable. Igual que un olor agradable nos hace sentir una sensación relajante, sin que necesariamente procesemos conscientemente la sensación de estarnos relajando.

Las tiendas lo saben y por eso algunas difuminan en el aire olores que nos relajan para que estemos más tiempo en sus instalaciones, que nos provocan hambre para que les compremos comida, o que nos hacen sentir que el aire está limpio como si estuviéramos en el campo, aunque se trate de un concesionario de coches. No es ilegal y puede ser incluso ético, pero es mejor que el consumidor lo tenga en cuenta. Puestos a que lo sepa quien vende, que lo sepa también quien compra. Es lo justo, ¿no?

Volviendo al sistema límbico: es automático y las emociones que nos genera no siempre pasan por la consciencia, así que no está de más escuchar a nuestras intuiciones y tomárnoslo con calma, tanto cuando compramos algo como cuando escuchamos una explicación.

 

¿Qué es el cerebro?

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Dibujo de Andrea Vesalio (1514-1564), descargado desde Wikipedia

Este es un blog con una parte importante sobre neuropsicología, y aún no habíamos hablado del cerebro. Hay quien trabaja cada día con él, pero seguro que para otros irá bien hacer un breve repaso.

Suele dividirse de varias formas: por hemisferios, izquierdo y derecho; por lóbulos, frontal, parietal, temporal y occipital; por áreas de Brodmann, un neurólogo que identificó nada menos que 52 zonas, basándose en sus características histológicas.

La división por hemisferios se utiliza sobre todo en educación. En la mayoría de personas domina el hemisferio izquierdo, lo que curiosamente explica que seamos diestros; en la mayoría de los zurdos domina el derecho, pero no siempre, por eso algunos niños y niñas presentan alguna dificultad añadida a la hora de aprender a leer y escribir. Es porque la lateralización del cerebro se va definiendo en los primeros años de la educación.

La división por lóbulos y por áreas de Brodmann es útil en neurología, neuroimagen, etc. Permite explicar con precisión de qué áreas se está hablando, por ejemplo cuando hay alguna lesionada, o cuando se aplica alguna técnica de neuroimagen.

¿Cómo puede lesionarse el cerebro? Pues hay varias posibilidades: por un golpe o accidente traumático, por un trastorno del desarrollo o genético, por una enfermedad neurológica como las demencias, y una de las formas más habituales: un accidente vascular, porque se haya roto uno de los vasos que riegan el cerebro o porque el riego quede interrumpido por alguna razón (por estar en coma, por perder presión…)

¿Hay factores de riesgo que se puedan evitar? Sí, sobre todo el tabaquismo, y otros como el colesterol o la hipertensión, que si bien nos vienen dados pese a nuestra voluntad, los podemos ir controlando.

Suficiente para una primera sesión sobre el cerebro. Continuará…

Vacunas contra el Alzheimer

Un grupo de investigadores están trabajando sobre uno de los temas estrella, la vacuna que previene contra la enfermedad de Alzheimer. Podéis consultar el artículo original aquí.

De momento están trabajando con ratones transgénicos y están obteniendo unos buenos resultados, y aunque aún están a unas fases de poderlo aplicar a humanos, parece que van por el buen camino. Inyectan el antígeno envuelto en lípidos para que la neurona no los detecte como agentes extraños a su llegada, y es después cuando ayudan al sistema inmunitario a responder a las proteínas beta-amiloides.

Imagino que hay cientos de grupos trabajando en lo mismo por todo el mundo, así que espero que el ingenio y esfuerzo de alguno de ellos llegue a buen puerto, y lo antes posible.

¿Dónde estará la cuestión en unos años? Tengo curiosidad por saber cómo avanza, ya que estoy segura de que poder ayudar a los pacientes con Alzheimer es cuestión de tiempo. Y es tan necesario…

El espejismo del fin de la historia

Un grupo de investigadores ha publicado en  Science un artículo en el que evidencian que la gente confía en sus (nuestros) gustos y preferencias más de lo que deberían (deberíamos), ya que cambian más de lo que creemos.

Incluyen una muestra de 19.000 personas entre 18 y 68 años de edad, y preguntas como “¿Cuánto pagarías hoy por un concierto del que era tu grupo preferido hace 10 años?” y “¿Cuánto pagarías dentro de 10 años por el que es tu grupo preferido en la actualidad?”. Todos los grupos de edad pagarían significativamente más en el segundo caso. Sorprendente, no os parece?

También describen que el grupo de 30 años de edad cree que en los próximos 10 años cambiará menos de lo que el grupo de 40 años de edad afirman haber cambiado en los últimos 10 años (me seguís?).

Por eso los autores dicen: “La gente, al parecer, percibe el presente como un momento cumbre en el que han conseguido llegar a ser la persona que serán durante el resto de sus vidas”, y esto tiene “consecuencias prácticas que llevan a la gente a pagar en exceso por oportunidades futuras, con tal de satisfacer sus preferencias actuales”, como ocurre en el caso de matrimonios, hipotecas, seguros…

Y yo me pregunto, ¿podemos aprender a vivir el presente y darle suficiente importancia? ¿Somos conscientes de las consecuencias de nuestras acciones? ¿Qué creéis?