La educación sentimental

Tras la entrada anterior, seguimos con las emociones en la vida diaria. También en la escuela juegan un papel primordial, ya que como otras habilidades, se aprenden y se desarrollan gracias a su uso.
La educación emocional no es algo especialmente potenciado en la escuela, ni tradicionalmente ni menos ahora, cuando lo que se busca es que la persona sea competitiva, excelente en su rendimiento, y que tenga buenas estrategias de desarrollo.
Por ejemplo, en la escuela Montessori, los niños identifican sus sentimientos con dibujos y etiquetas que recogen incluso los cambios a lo largo del día.
En palabras del recientemente desaparecido sabio José Luis Sampredro,
Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como ‘competitividad’ sean las que mandan frente a palabras como ‘convivencia’.

Se vende la magdalena de Proust

El sistema límbico regula nuestros impulsos más básicos: el hambre y la sed, el miedo y la angustia… Además está directamente conectado con el olfato. Vaya, la famosa magdalena de Proust hecha neuroanatomía.

Además del olfato, en el sistema límbico conviven las emociones y la memoria.  Y para acceder a las emociones que un olor nos genera no pasamos por el córtex, así que la emoción es automática e irrefrenable. Igual que un olor agradable nos hace sentir una sensación relajante, sin que necesariamente procesemos conscientemente la sensación de estarnos relajando.

Las tiendas lo saben y por eso algunas difuminan en el aire olores que nos relajan para que estemos más tiempo en sus instalaciones, que nos provocan hambre para que les compremos comida, o que nos hacen sentir que el aire está limpio como si estuviéramos en el campo, aunque se trate de un concesionario de coches. No es ilegal y puede ser incluso ético, pero es mejor que el consumidor lo tenga en cuenta. Puestos a que lo sepa quien vende, que lo sepa también quien compra. Es lo justo, ¿no?

Volviendo al sistema límbico: es automático y las emociones que nos genera no siempre pasan por la consciencia, así que no está de más escuchar a nuestras intuiciones y tomárnoslo con calma, tanto cuando compramos algo como cuando escuchamos una explicación.